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La pesca del gobio descerebrado

Hace tiempo que tengo muy presente un experimento de Erich von Holst con unos peces de río. Así lo narra Lorenz, premio Nobel de Medicina:

7  “Quitó a un gobio la porción anterior del cerebro donde se hallan, por lo menos en estos pececillos, todas las reacciones de adhesión al banco. El gobio operado ve, come y nada como sus congéneres normales, y lo único que lo distingue de estos es que le da perfectamente lo mismo apartarse del banco sin que nadie lo siga. Lo que le falta es la vacilación y la preocupación del pez normal que por mucho que desee nadar en una dirección determinada, en cuanto ejecuta los primeros movimientos se vuelve a sus compañeros y se deja influir por el número de los que le siguen o el de los que no le siguen. Al pez descerebrado por Von Holst eso no le preocupa lo más mínimo; y si veía alimento o cualquier otra cosa atractiva, nadaba con decisión hacia el objetivo y... he ahí que todo el escuadrón lo seguía. Precisamente el defecto del pez operado lo convertía en jefe.”

El banco de gobios sigue al que se mueve con decisión, aunque sea un descerebrado. Asumen que tendrá un buen motivo. El problema es que el improvisado líder no es el que tiene mejor visión para las amenazas y oportunidades. Simplemente va a su aire (o agua) con obstinada determinación, ni siquiera le importa el grupo. Es más como Hitler que como Churchill, o más como Soros (que reconoce que decide en función de sus dolores de espalda) que como Buffet (que sólo invierte donde conoce). 

De aquí se deducen alarmantes conclusiones:

  • Si el gobio descerebrado saca algún provecho por moverse, aunque eso perjudique al grupo, lo hará
  • Hay que distinguir entre líderes de opinión y líderes de a piñón
  • Puede que algún día, MBA express sean impartidos en los quirófanos
  • Si en la organización hay mucho merluzo suelto, ser un poco psicópata es un grado
  • Lo más que puedes sacar por seguir a un gobio descerebrado es ver el culo a un pez

¿Cómo distinguir a estos flautistas de Hamelin? ¿Trucos para pescar a los peligrosos gobios descerebrados? El primero es ... no ser gobio. No ir a rebufo. Desarrollar un criterio propio y discernir si se sigue a alguien sólo porque se mueve con ciega decisión. Pero esta semana me he percatado de que a veces es más sencillo: el gobio descerebrado… lo dice.

04cornerprint_CA0-articleInline Por ejemplo, es interesante la entrevista que el New York Times realiza este mes a Andrew Cosslett, CEO del conocido grupo de hoteles Intercontinental. Esta es su primera respuesta de una entrevista de alguien que podría ser un donante de autoestima:
“I can talk about changing things for the better, even if I don’t know what it is we’re going to change. I’ll just say we’re going over there somewhere. And I don’t quite know what that looks like, but it’s going to be fantastic.”
(trad. propia: “Puedo hablar de cómo cambiar las cosas para mejor, aunque no sé qué es lo que vamos a cambiar. Les diré que vamos por allí a algún lado. Y en realidad yo no sé muy bien cómo será eso, pero va a ser fantástico.”)
 
Y más adelante: “I’ve always had a slightly maverick side that actually stood me in great stead.” (“siempre he tenido un punto inconformista que me ha sido muy útil”) o “The trick in business is not to care too much” (“el secreto de los negocios es no preocuparse demasiado”).  En fin, quizá sea precipitado juzgar por una entrevista, pero todo hace indicar que hemos pescado a un gobio descerebrado encantado de conocerse y de ver el efecto que causa en los otros gobios. Por seguirle, ¡incluso se disfrazan de Caballeros de la Mesa Redonda!.

Charles-princeEsta otra corresponde a un gobio... al que han sacado del agua. Chuck Prince, ex consejero delegado de Citigroup declaraba junto con uno de sus consejeros a la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera. Estoy casi seguro de que un
biólogo marino podría modelar con un software para bancos de peces la burbuja inmobiliaria y el problema de los derivados financieros.

Todo su testimonio, que puede resumirse en una de sus frases: "I can only say that I am deeply sorry that our management -- starting with me -- was not more prescient and that we did not foresee what lay before us" (“Sólo puedo decir que lamento profundamente que los gestores - empezando por mí - no tuviéramos más visión de futuro y no previéramos lo que había delante de nosotros"). Otro que no ve, sólo que lo reconoce a posteriori, no como el anterior. De hecho, toda su compungida declaración es una lista de motivos más o menos técnicos o ajenos por los que justificaba que no era posible ver qué había delante incluso a cortísimo plazo, aunque a la vez defendiendo sus informes, sus reuniones y sus procesos de gestión de riesgo que eran “muy robustos”.

Visto el panorama, el Jefe de la Comisión les contestó "You either were pulling the levers or asleep at the switch," (“Ustedes, o manejaban los mandos o dormían en los mandos”). O traducido de otra forma: "está claro que ustedes son gobios e incapaces de liderar, la duda es si lo son del tipo descerebrado o borreguil".

Glitter-fish-smiling-seaEso es algo que la Comisión decidirá, pero quizá convenga recordar que Prince es el autor de quizá la frase más clarificadora (y más "gobia") pronunciada antes de destaparse crisis: "“When the music stops, in terms of liquidity, things will be complicated. But as long as the music is playing, you’ve got to get up and dance. We’re still dancing." Bailando como elefantes que se balanceban en la tela de una araña. Claro mensaje para los inversores. Quizá es la frase que resume una época, donde el riesgo era bien aceptado y retribuído por los gobios. Tras su dimisión de Citibank Prince se llevó 38 Mill. de dólares que acabaron pagando ellos y también otros peces.

URL abreviada: http://bit.ly/9om60w

Publicado el 16 abril 2010 en 2T, bisnestrategia, fauna estratégica, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (1)

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La burbuja económica, explicada por el Bosco

Llevaba tiempo intentando comprender un poco la burbuja económica. Escuché a los políticos y las tertulias, leí sobre la crisis Ninja, sobre JP Morgan y las innovaciones financieras, sobre los vínculos entre Wall Street y Washington, sobre cisnes negros, sobre "behavioral economics" y las estafas piramidales. Incluso fui a ver a Pep Bou. Pero nada. Que no me enteraba.

Hasta que un día, en el museo del Prado, vi un cuadro. O en realidad, un tríptico. “El carro del heno” del pintor Hieronymus Bosch. El Bosco vivió en una época convulsa, herética, de gran ignorancia y grandes cambios. O sea,  el Bosco vivió en una época como todas.

El Bosco es un pintor enigmático, cargado de simbología, y para algunos con dotes proféticas. También es todo un precursor de la visualización mediante “mapas mentales”, o eso me pareció a mi. Porque, queridos contemporáneos, "el carro del Heno" proporciona el más completo modelo de la famosa “burbuja económica” que conozco, y lo hace 500 años antes de que se produjera. Supongo que porque cada época tiene su burbuja, porque unas burbujas se montan sobre otras o porque la propia civilización es una burbuja. De hecho, hay quien dice que todo el progreso occidental no es más que una burbuja generada por el descubrimiento de oro y plata en América.

En definitiva, comoquiera que las explicaciones de los economistas e instituciones actuales no me resultaban satisfactorias, por técnicas, sesgadas o superficiales, he decidido emplear este cuadro como mapa mental de la burbuja hasta que alguien pinte algo más acertado en los próximos 500 años.

He aquí un análisis actualizado de los símbolos, desde la autoridad que me da tener un blog. (Pueden verse detalles del cuadro en esta página de Wikimedia)


El carro de heno3
 

1)    El carro del heno. El cuadro representa el avance de un enorme carro de heno, tirado por monstruos, que es rodeado por personaje de todas las clases sociales que  luchan por distintos métodos de conseguir su parte. 

La explicación, y lo que hace que nos encaje nuestra idea de “burbuja”, es que en el mundo medieval, el heno representa lo efímero de lo material y de los afanes humanos por adquirirlo y mantenerlo. Dicen los expertos que la imagen del heno alude a un versículo de Isaías: “Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae”. También se cita un conocido proverbio holandés: “el mundo es un montón de heno, cada cual toma lo que puede”.  Podría haberse pintado un carro de oro, pero poniendo heno, similar en color, se aprecia mejor el absurdo de correr tras lo perecedero

Es decir, el “heno” atrae (alegóricamente) la codicia, la avaricia, la envidia y la vanidad, así como la búsqueda de poder, de bienes, de cargos, de aplausos. Cosas que en la época estaban mal vistas, y sin embargo legitimadas hoy en día. Como decía Gordon Gekko en Wall Street: “Greed is good” , “El punto es, señoras y señores, que la codicia, por falta de una palabra mejor, es buena. La codicia funciona, la codicia clarifica, penetra y captura la esencia del espíritu evolutivo".

En fin, como regla mnemotécnica, lo que quieren los que se arriman, es “subirse al carro”, y como el heno es “forraje”, lo que quieren es “forrarse”. Lo mismo que los que hacen una burbuja económica. Lo malo, es que como simboliza el heno, el mecanismo es efímero y lo supuestamente acumulado se evapora.


2)    El carro es tirado por extraños seres mitad hombre, mitad animal. (imagen) Por qué no pensar que el Bosco se refiere a los mismos “espíritus animales” que mencionaba Keynes, al menos en el sentido del reciente best-seller del mismo título de Akerlof y Shiller, las “conductas irracionales” que nos han llevado a la crisis: el exceso de confianza colectiva (como en el mercado inmobiliario o los derivados financieros), la corrupción y la conducta antisocial, o el poder de historias (como la “nueva economía” en la burbuja puntocom). Es importante matizar que a esos "espíritus animales" también se les ha dado un sentido positivo: el optimismo cándido del emprendedor y su instinto por la acción, necesario para la prosperidad.

Sobre esos espíritus se agolpan masas de gentes, deseosas de unirse a la comitiva. Eso me recuerda un titular del periódico humorístico The Onion que decía: "Los americanos exigen una nueva burbuja". es decir, que "se hablara menos de estrategias a largo plazo y se encontraran medios para crear más riqueza imaginaria en el futuro próximo". Para la nueva burbuja especulativa valdría cualquier cosa, desde la bioingeniería al posmodernismo pasando por las nubes o futuros sobre la inmigración ilegal. Lo importante es creérsela y la gente está preparada. "Todas las familias tienen derecho a una falsa sensación de seguridad" mientras que algunos inversores ya temen que el peor escenario, el conocido entre los economistas como "real-world repercussions" podría hacerse inevitable.     

El cuadro también muestra como, de forma discreta pero inexorable, el avance de la burbuja que empujan los monstruos interiores va generando ruina más allá de su camino. Eso nos hace ver que las burbujas no son inocuas: su crecimiento causa daños colaterales: guerras, contaminación, miseria y como también recuerda el Bosco, daños morales y psicológicos.



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3)  
 El carro se dirige de forma inexorable a algo parecido al infierno. Sus ruedas nos recuerdan los ciclos de la economía, esos de los que sólo se habla cuando la economía está baja. Cada burbuja es seguida por un crack.

Como muestran las imágenes del panel derecho, ruinas y tormento esperan en efecto a los que no se despeguen de la burbuja a tiempo. Sobre todo ruina. La escena central es significativa: los diablos están construyendo una torre, usando como materia prima a los que acompañaban el carro, a la vez que otra torre arde al fondo: como dicen algunos economistas, la solución a una burbuja genera la siguiente. (por ejemplo, la actual sería consecuencia de la liquidez introducida para paliar el crack de la burbuja puntocom de 2000).

Eso nos lleva a la carta del tarot de “la Torre”, cuyo significado es el cambio violento que implica la destrucción repentina e inesperada de lo viejo, la “ruptura de esquemas caducos o mal cimentados” y la necesidad de “aprender de las  crisis”. Puede ser también alusión a la torre de Babel, la confusión que surge a la hora de encontrar soluciones. Por otro lado, me recuerda que el frenesí construcción de rascacielos es evidencia de próxima crisis. (De hecho, en este blog se predijo la fecha de inicio de la actual crisis con tres años de anticipación utilizando ese criterio). Aunque obviamente, esta imagen nos recuerda la burbuja inmobiliaria.

La brusca transición entre los paneles ayuda a visualizar que las burbujas siempre revientan violentamente. Es curioso que esto ocurre no cuando los expertos empiezan a creer que puede hacerlo, sino justo cuando hasta los pocos que prevenían contra la amenaza de la burbuja empiezan a cansarse de ser agoreros y sospechan que no era tal, que era real y estaban equivocados.



4)    Tras el carro, a caballo, se ve una comitiva (imagen) presidida por dos reyes y un papa que cabalgan mansamente, vigilando lo suyo. Los cargos que los rodean parecen más civilizados en sus métodos. Estos personajes aparentemente no tienen que jugarse la vida para acceder a unas briznas de heno. También es cierto que el volumen del carro les impide ver lo que hay delante: lo que parece una marcha triunfal es en realidad una danza infernal camino del desastre.

Sin embargo, se aprecian comentarios, politiqueo y miedo en los ojos, y algún subordinado parece algo achuchado bajo los poderosos. Todos tratan de se arrimarse a los líderes y no separarse del grupo: fuera de él comienza el frío y la lucha por la supervivencia. Una escalera apoyada en el carro nos recuerda el afán por ascender, el deporte de los trepas. En nuestra crisis podríamos asimilar los “reyes” a los distintos responsables políticos, desde Bush hasta los concejales de urbanismo, el “papado” a los que han justificado y santificado el sistema burbujil, sea Alan Greenspan o el decano de la Harvard Business School, y los cargos a todos los que estamos medianamente integrados en el sistema, incluso sin conocimiento u opción.


5)    A distancia del grupo de los bien vestidos, la  chusma, el lumpen, trata de arañar (imagen) unas briznas de heno cuando el carro, la oportunidad pasa. Cuanto más lejos de los líderes, más tienen que luchar. A ellos no les está permitido seguir el carro. Deben tomar su oportunidad cuando se presenta, y apostarlo todo por ella, incluso en patera. Como dice Eminem: “Mira, si tuvieras un tiro / O sólo una oportunidad / Para alcanzar todo lo que alguna vez quisiste / En un momento / ¿Lo capturarías o lo dejarías ir?” Pueden llegar a la lucha y al asesinato (imagen) por sólo unas briznas. La escalera para ascender de forma fácil al carro ha caído para ellos, deben saltar a él, si pueden.


6)    Sobre el carro, dos parejas tocan música o hacen arrumacos (imagen), según su clase social: el pobre se conforma con el placer y la comodidad vedados, el rico busca status y sofisticación. Son los modelos de éxito, el equivalente a nuestras celebridades, la aspiración de todos. Son Brad y Angelina, Bill y Steve, Ronaldo y el Pocero. Un personaje presenta la partitura que codifica lo “cool” y que interpretan los demás, quizá sea Anna Winthour o algún genio publicitario a sueldo. Un demonio con el símbolo de la vanidad, su cola de pavo, toca la trompa y llama la atención a todos sobre ellos, a falta en la época de revistas y televisión.


7)    Cristo, en una nube, hace un gesto de misericordia y muestra las llagas de su sacrificio. Pero quizá éste sea el cuadro donde menos caso se le hace a Cristo, nadie le mira. Sólo un ángel parece atento, quizá porque implora por los hombres, quizá porque Jesús es el hijo del patrón. O quizá, porque el pícaro que se oculta tras el seto ha tenido éxito y ha conseguido que se fije en la jarra de vino que interpone en su visual. Lo cierto es que en una burbuja, nadie mira dónde debe, y la lechuza de la derecha representa según los expertos, precisamente eso, la ceguera humana.


8)    En primer plano, unas mujeres se dedican a criar niños, (imagen) que crecerán y competirán por los recursos y las oportunidades. El combustible de la burbuja son los números humanos, no el oro, la construcción, los tulipanes, las puntocom o los derivados financieros. El Bosco parece anticipar a Malthus. Una limpia el culito de un crío, clara metáfora de que en todas las burbujas, los justos acaban limpiando los marrones de los que la cagan.


9)    Algo detrás, hay una hilera de ciertas personas dedicadas a actividades fraudulentas. Entre ellos:

  • un falso mendigo que lleva unos niños (hoy podría ser alguien que hace fraude en las ayudas que pide al estado, sea porque trabaje en la economía sumergida o tenga un banco)
  • un médico embaucador con su bolsa llena de heno (que en sentido amplio podría entenderse como un gurú, con su powerpoint y todo – de hecho, este tema también lo representa el Bosco como “la extracción de la piedra de la locura”, criticando en general a los charlatanes, sus remedios y a los crédulos que los compran)
  • un monje de abultada panza (imagen) comprueba sentado y sin hacer ningún esfuerzo como las monjitas se afanan rellenando sus sacos con heno, lo que nos permite visualizar a alguno de los insaciables rentistas que se esconden detrás de los bancos de inversión. Sólo hay que cambiar los hábitos por trajes de Armani, los sacos por terminales de Bloomberg y apoyar la mesa en alguna terracita de los Hampton.


EPÍLOGO

Cuando el tríptico se cierra, aparece una imagen de un viejo caminante que avanza en un paisaje lleno de peligros. Con un largo cayado va apartando, escarmentado de sus errores, las muchas tentaciones y peligros del camino de la vida. Es el "homo viator" (hombre viajero) cuya vida es un camino que nunca ha de volver, como en los versos de Antonio Machado. Gracias a la atención, a la independencia de pensamiento y a la disciplina ha podido llegar indemne y sereno a su edad.

Enlace corto: http://bit.ly/bKOLNV

Publicado el 25 febrero 2010 en 2T, metáforas, modelos | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack (0)

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Mail de Erasmo de Rotterdam desde el infierno.

Salud. Soy Erasmo de Rotterdam, si bien el evidente descuido de las buenas letras os haga pensar otra cosa. Me cuesta atinar en las teclas de este artilugio similar a un pequeño clavecín llamado “PC” con mi pluma de ganso, y eso me impide concentrarme en el estilo.
 
Escribo desde el infierno. Pero que no se regodeen mis viejos enemigos tanto papistas como luteranos. Estoy en una de las visitas diplomáticas que de cuando en cuando San Pedro tiene a bien encomendarme. El medio del que me valgo para hacerme oír desde el otro mundo es “Internet” pues Facebú, Community Manager de Belcebú, deseoso de hacerme notar la ventaja tecnológica del inframundo, me ha dado acceso.
 
En el Cielo tenemos aún poca cobertura, y apenas alcanzamos calidad GSM mediante la oración. Pero aquí, en el subsuelo, llega fibra óptica y hay hileras de PCs que son aporreados por innumerables diablos. Permiten, parece ser, el traslado de textos e imágenes con las almas de los vivos, convirtiendo la posesión en toda una experiencia multimedia. Defiende Facebú que los ahorros en conjuros compensan con mucho los de este teletrabajo, y que el e-commerce dará crecimiento exponencial a la línea de negocio de compra de almas.
 
Facebú propone de enseñarme otra innovación notable que sin duda aumentará la cuota de mercado del maligno. Accedo, y entonces, apeándose en el aire, destapa un velo y enciende un televisor, apareciendo algunas noticias y tertulias políticas actuales. Me atormenta no poco constatar. amigos del siglo XXI, que en rivalidad, autismo, ineficacia y dogmatismo, vuestros debates se parecen a los de otra época en que el debate se desconectó tanto de la realidad, que acabó encerrado en un cajón: la decadente escolástica medieval. En mi tiempo, fui afamado y perseguido por burlarme de sus modos.
 
Tampoco os libráis de sus residuos: la mucha soberbia y pedantería de algunos ponentes, ni del uso generoso de la falacia “ad hominem”, es decir, descalificar al adversario en lugar de refutar sus afirmaciones. Alguno de los muchos políticos que veo ardiendo por aquí me aclaran que su gremio tiene un dicho para esta guerra sucia: “si no aguantas el calor, sal de la cocina”.
 
Facebú los atiza un poco y me dice:
 
“Estimado embajador. La innovación que hará aumentar la población de nuestro estado respecto al vuestro es el tipo de debate. Una nueva dialéctica que emponzoña la reflexión. En el infierno nos complace que la mala calidad del debate de los mortales asegure la salida de los peores instintos y la mala calidad de las soluciones.”
 
Yo me resisto a creerle, y ducho en estas artes, no puedo dejar de hacer notar que la carencia de técnica, argumentos y conclusión que observo en los debates les convierte en estériles y por tanto inofensivos, poco más que un espectáculo. Facebú ríe. Y me contesta:
 
“Veo que no está al cabo de los últimos avances en comunicación y esgrima dialéctica. Estos debates son eficacísimos e implican mucha técnica.
 
Cada bando (y pocos hablan sin representar a alguno) trata de conseguir no la “determinatio” de un profesor, sino el respaldo de los ciudadanos a sus tesis (o mejor, al bando mismo) de la forma más eficiente posible: gastando los mínimos razonamientos y compromisos posibles. Y de la forma más eficaz: apelando a registros ya efectivos en el subconsciente. La comunicación de masas será tanto más viral y efectiva cuanto más simple y emocional. Observe el debate: son los argumentos más irracionales y los tonos más exaltados son los que arrancan más aplausos del público, ése es el campo de batalla.
 
Los psicólogos han descubierto que los pecados capitales de la pereza y la avaricia que tantos clientes traen aquí también funcionan a nivel inconsciente. Los humanos son “avaros cognitivos”, siempre dispuestos a comprar cualquier simplificación para relajar la CPU. Huyen de lo complejo, y más en esta época de sobrecarga informativa, con el riesgo de cometer sesgos, caer en estereotipos o ser manipulados.
 
Años de estudios han demostrado que la gente no vota los argumentos, sino a quien despierta los sentimientos adecuados. Por eso, la dialéctica de última generación ya no es lógica ni aspira a la síntesis de posturas. Ahora se centra en aprovechar el turno de habla para insistir en los mensajes más certeros que se abran en las mentes y activen atajos que convengan al propósito del orador.
 
Naturalmente, los autores no son estos personajes que ha visto, éstos son sólo la correa de transmisión. Sofisticados think-tanks, sociólogos, lingüistas y expertos en comunicación diseñan los mensajes. La técnica de estos neoescolásticos se centra en el diseño de los “memes” adecuados. Los medios e Internet los difunden y repiten. A todo este fenómeno yo lo llamo “pensamiento zombie” en homenaje a nuestros adoradores caribeños.”
 
Pese al calor, sentí un escalofrío. Empecé a temer que la nueva escolástica superaba en argucias y cinismo a las controversias, genealogías y logomaquias de mi tiempo.
 
Pedí a Facebú que me iniciara en ese género de modernos ardides. El inquieto diablo se apresuró a hacerlo, ávido de corromper el Cielo.
 
“Por ejemplo, las metáforas. Una metáfora simplifica un problema complejo. Si el un bando consigue que la metáfora propia se imponga, la solución intuitiva de la metáfora gana puntos. No sólo eso, sino que nuevos datos se interpretarán en función de la metáfora triunfadora y la reforzarán. El descuido puede llevar rápido a los humanos a ajustar los hechos a las hipótesis en vez de las hipótesis a los hechos.
 
El nombre que se dé a un tema es importante. Debe reflejar aspectos elevados, positivos. Ese es el gusto humano, qué le vamos a hacer. Así, todo lo que esté a favor es bondadífico, y todo lo que se oponga maléfico. Por ejemplo, Seth Godin, cuyo blog aquí seguimos porque tiene nombre de deidad del inframundo, apuntaba que parte de la despreocupación con el problema del “calentamiento global” era que “calor”, “global” y hasta “invernadero” tenían connotaciones positivas.
 
La metáfora también suscita una narrativa, una interpretación. Por ejemplo,  Internet suele asimilarse a tuberías, carreteras, compañías de logística, a un lugar con sus sitios y dominios, a una conversación, a un gigantesco cerebro o tratarse en términos casi metafísicos. Todas son imperfectas, lo que es lógico: Internet es lo más complejo que el hombre ha construido. Según el interés de lo que argumenta cada uno, se fuerza la metáfora que conviene.
 
A propósito, le regalo el capítulo octavo del libro “el Manual del Progresista” del sociolingüista Lakoff (en inglés). Seguro que lo encuentra iluminador. Narra como la construcción de la metáfora “Internet son autopistas” desde el interés de algunos agentes deriva en una narrativa típica y emocional, que hace héroes a unos y villanos a otros, prima unos valores sobre otros, hace olvidar cualquier otro aspecto relevante y que una vez fijada es difícil de conmover.”
 
Leo con interés el capítulo, así como alguna opinión zombie sobre el tema con frases como “la piedra angular que define la naturaleza”, “una palmaria evidencia”, “un axioma fundamental”, “desnaturalizar completamente la esencia” que me recuerdan demasiado la escolástica y la especulación de mis tiempos… Facebú prosigue.
 
“El sueño de un diseñador de metáforas es conseguir que el “título” de su propuesta quede como nombre del debate o principio fundamental. En el ejemplo de Lakoff "neutralidad de la red" en lugar del tema amplio de "qué es lo que deben regular los estados en Internet". Eso es perfecto, es el equivalente a cuando una marca queda como nombre genérico, como Kleenex o Gillete. Durante mucho tiempo se convierte en protagonista e "historia de referencia" en debates que deberían ser más plurales o razonados.
 
A esto se conoce como "marco del debate". Así es como llama Lakoff las formas de entender la realidad que el humano usa sin darse cuenta. Consisten, cómo no, en simplificar: resaltar algunos aspectos y establecer relaciones entre ellos. Por ejemplo, denuncia como los conservadores norteamericanos llamaron “Guerra al terrorismo” la ocupación de un país, para suscitar una metáfora conveniente que justifica la violencia. ¿No ha notado Vd que últimamente las leyes tienen nombres muy bonitos, como “de Economía Sostenible” o “Memoria histórica” cuando en realidad hablan de otras cosas? Es la influencia de la divulgación que hace Lakoff de estas estrategias: dar a las propuestas palabras o argumentos con resonancia emocional o cultural”
 
Quedo impactado. Los escolásticos que yo combatía se entretenían con corolarios, suposiciones y otras majaderías, que luego interpretaban alegórica, anagógica y tropológicamente. Pasatiempo inocente con estos tipos.
 
Facebú quiere rematar:
 
“Lakoff también habla de la “trampa del centrista”. Según él, no hay votos en el centro: las convicciones sobre cada tema suelen ser binarias, no lineales. Según su teoría, que en el infierno compartimos, no se gana armonizando posturas o pareciendo equidistante, lo que parece bien asimilado por la clase política y contribuye a la violencia verbal que acaba de observar y tanto nos complace. Al enemigo ni agua. Así que con esta innovación, aumentará el caos y la confusión, de las que mi señor es maestro. El infierno vencerá, y si te animas, te podemos ofrecer un puestecito.”
 
La moderación y el acuerdo que llevan a la “suma positiva”, al “win win”, es siempre racional, y ese ha sido el sentido del avance de la civilización. Me dí cuenta de que estos nuevos escolásticos en la sombra y los aprendices de brujo que los siguen, están forzando lo simbólico, las diferencias en principios, y la decisión basada en emociones. Es decir, una nueva era sectaria, carismática y menos racional y pragmática.
 
Pero no quiero que esto quede así. Por tanto, hablo al diablo en estos términos:
 
“Facebú, bien sabes que yo en vida he sido testigo de la inutilidad de buscar la paz y la reconciliación incluso entre los hombres más esclarecidos del momento. Sé que hay épocas en que la moderación no está bien pagada. Lo fue la Reforma y ésta también parece una de ellas. Vuestra innovación es una herramienta poderosa que puede cambiar el mundo. Así, tomaré partido por quienes llevan las de ganar.
 
Tu exposición me deja claro pues quién es el ganador. Si hay una metáfora común a todos, es que arriba es positivo, abajo es negativo. A uno se le eleva el ánimo frente a otro que se arrastra. Algo está en la cima o en cambio, entra en declive o se hunde. Uno asciende, o se rebaja. Si esta lucha se lleva a los últimos términos, el infierno del abismo no tiene mucho que hacer frente al Cielo… ¿no crees?”
 
Me parece que Facebú enrojece, aunque es difícil de decir en un diablo. Me contesta
 
“Vaya, touché. Por un momento pensé que la moda de las pelis de vampiros era buena señal”
 

Y a vosotros, recordad que escribí en tiempos un libro llamado “Elogio de la estupidez”. Al llegar al Cielo, me comentaron los santos que entre los miles de millones de oraciones y ofrendas que gestionan, nunca jamás nadie había pedido ser menos estúpido. En mi libro ironizaba sobre lo bien que venía ser estúpido a algunos gremios. Pero hoy, amigos, creo que puede salir muy caro. Así que recen o espabilen.”

Enlace corto:  http://bit.ly/9xifSX

Publicado el 18 febrero 2010 en 2T, el libro negro, metáforas, paistrategia, Web/Tecnología | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (1)

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El mercader de Venecia

Mostleft05Tenemos en los cines una adaptación de "El mercader de Venecia", considerada la primera gran comedia de Shakespeare (aunque si lo piensas bien, no tiene menos de tragedia).

Según los críticos, esta obra (disponible aquí), de finales del XVI, trata de demostrar la certeza de la antigua máxima jurídica de que un derecho se convierte en injusticia cuando llevado a sus últimos extremos invade otros derechos. También se plantea el tema del antisemitismo, en una época en que estaba en auge, y aunque el judío no sale bien parado, no se puede soslayar el impactante discurso de reivindicación de su humanidad que introduce Shakespeare en la obra. ("Si nos pincháis ¿no sangramos?, si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos?")

Yo resaltaría también, tras ver la película, una interpretación que tiene que ver con el capitalismo y la empresa (cómo no).

La época es en efecto la del despegue del capitalismo, y el escenario, el de la más característica de las grandes ciudades estado comerciales: Venecia. Así, la obra nos habla también del poder del dinero como subvencionador de grandes viajes y empresas, y por tanto de prosperidad. Y no sólo de eso, sino de encuentro entre culturas y mercados, en un anticipo de la globalización. Toda la obra habla de la necesidad de correr riesgos, de probar suerte, de entregarse al futuro con ahinco para cambiar la propia vida.

La obra también parece criticar la usura "no profesional". Para que el sistema sea eficiente y justo, el préstamo de dinero, como la justicia, ha de ser "ciego", por lo que la obra advierte del peligro de que se emplee para favorecer intereses ajenos a los comerciales. Así, los personajes que pierden en la obra son Antonio, que siempre había renunciado a pedir préstamo y por su parte lo concede gratis por afecto, y el judío Shylock (Al Pacino) que lo concede basado en el odio y posteriormente el deseo de venganza le impide aceptar una negociación ventajosa.

En la Edad Media existía un desprecio de la usura por Iglesia y pueblo (que persiste en el mundo musulmán), y se criticaba a los que “se enriquecen durmiendo”. Desde los siglos XI y XII ya se comenzó a ver una legitimación del dinero, que ya no es sólo percibido como ostentación sino como desarrollo. Así cantaba Alfonso X el Sabio: "Los dineros son de amar / pues sin ellos grandes cosas / legítimas y piadosas / no se pueden alcanzar". Poco a poco se asume la necesidad del comercio. Se empieza a distinguir entre la usura y el interés, y ya no son sólo los judíos ya los que realizan esa actividad impura, sino que hay grandes mercaderes cristianos. Como las modernas fundaciones, los mercaderes-banqueros actúan como mecenas para que se les perdonen estos pecadillos. A éstos se les acaba reconociendo su función, pero a los judíos, que practicaban más el crédito de proximidad, de consumo, de baja cuantía, se les sigue atacando.

Puede que la obra también trate de eso, de que hay dos tipos de préstamo de dinero, la novedosa y legítima que sufraga empresas y la usura tradicional del tipo “judío”, no constructiva y que era despreciada. Algo de esto queda aún. Y si no ¿cuál es la necesidad de explicar en los títulos iniciales de la película que los judíos se veían forzados a dedicarse a la usura porque no se les permitía tener propiedades? (lo que por otro lado se contradice en algunas escenas).

En toda esta génesis de la profesión de baquero, Shakespeare también tiene clara la necesidad de fuertes instituciones, que sobrepasen a los deseos del poder político para el amparo del inversor. Este conceptor de prosperidad asociada a la "libertad económica" se ve en cómo el Dux se ve obligado a asumir el contrato de Shylock, por muy impopular que fuera, pues el prestigio de la ciudad se vería resentido y los extranjeros ya no invertirían en ella.

SAunque supongo que irá contra interpretaciones mucho mejor fundadas, también en la elección del cofre que han de hacer los pretendientes de Porcia me ha parecido ver una metáfora de las alternativas vitales respecto al nuevo protagonista de los tiempos: el dinero .

  • El cofre de oro, con la leyenda: "el que me escoja ganará lo que muchos desean" creo que puede interpretarse como "gástalo lujosamente". El hedonista Príncipe de Marruecos lo escoge porque es lo que todos los extranjeros desean. Cree que encierra la boda con Porcia: "Esto es la dama, el mundo entero la desea". Hay que utilizar el dinero para competir por los bienes más preciados, no por lo que tenga más valor en realidad. Pero lo que aguarda dentro es una calavera de órbitas vacías, no es oro todo lo que reluce.

  • El cofre de plata tiene grabada la leyenda "quien me escoja obtendrá tanto como merece". Recuerda algo la parábola en la que el amo recrimina al empleado que, temeroso de perderlo, enterró el denario y no lo supo hacer crecer. La plata simboliza el dinero, sería “quedarse con el dinero”. Puede imaginarse que es simplemente guardar el dinero a plazo fijo, o, por qué no, trabajar en algo que te desagrada por un salario supuestamente seguro cuando tus ideas y esfuerzo valdrían seguramente más si empleadas por ti mismo. La plata es la elección del miedoso Príncipe de Aragón, porque "¿quién intentará engañar a la fortuna". El Príncipe desconfía de que los empleos, las jerarquías, los bienes se alcancen sin corrupción. Por eso no merece la pena confiar en los propios méritos. Si no fuera así, "cuántos hombres andarían vestidos que ahora van desnudos, cuántos son mandados que mandarían". Dentro le espera un retrato de un idiota, que le recuerda que los hay que "abrazan a las sombras, y éstos poseen una dicha de sombras". Una vida gris, que se dice hoy.

  • El humilde cofre de plomo tiene escrito: “quien me escoja debe dar y aventurar todo lo que tiene”. Los pretendientes anteriores no quisieron aventurar ni entregarse a cambio de plomo (“este cofrecito amenaza; los hombres que lo aventuran todo lo hacen con la esperanza de hermosos beneficios”). El pretendiente veneciano, Bassanio, desconfía los ornamentos del oro y de la plata (que es sólo una "medida de intercambio" y no tiene valor más que como agente), y prefiere la sencillez y pesada carga del plomo. Es él el que encontrará el retrato de la amada Porcia, y por tanto el que la desposará. Tras la elección Porcia dirá: “por vos quisiera triplicarme veinte veces; quisiera ser mil veces más bella, mil veces más rica”. Es la elección del emprendedor: dar su tiempo y lo que tiene en la esperanza de algo mejor, de multiplicar su inversión.

Y para terminar, creo que hay pocas dudas de que el tipo de capitalismo que Shakespeare defendía no era el del "sálvese quien pueda", sino que debía estar bañado por la ética. Así, el acreedor Shylock es castigado tras no escuchar el bello canto a la clemencia que realiza Porcia: "La propiedad de la clemencia es que no sea forzada; cae como la dulce lluvia del cielo sobre el llano que está por debajo de ella; es dos veces bendita: bendice al que la concede y al que la recibe. Es lo que hay de más poderoso en lo que es todopoderoso; sienta mejor que la corona al monarca sobre su trono. "

Publicado el 18 octubre 2005 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (8) | TrackBack (0)

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Un árbol que aún no esté inclinado

Hoy he comido con un colega que me ha pedido que le identificara posibles candidatos para un puesto en su equipo. Cuando le he pedido que me perfilara un poco lo que buscaba, ha habido un momento de duda, pues no sabía explicarme bien si quería alguien con más o menos experiencia o más o menos junior. Se ha quedado en silencio unos segundos, pero al final ha dicho: “mira, lo que busco es un árbol que aún no esté inclinado”.

La metáfora tiene miga, porque por un lado ejemplifica muy bien que desea alguien con una actitud confiada ante el trabajo, con personalidad e ímpetu, pero también da a entender que cuando uno se inclina ante la presión cultural del entorno es difícil que en su carrera recobre algún día la postura erguida, ...y ese “aún”, que miedo da ese “aún”.

Publicado el 04 octubre 2005 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (14) | TrackBack (0)

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Noé y la innovación en equipo

Noah La Biblia relata como Dios proporciona a Noé el diseño detallado del arca que salvaría a todas las especies animales del diluvio. Pero podemos imaginarnos qué hubiera ocurrido si Dios hubiera decidido delegar, y en lugar de proporcionarle un completo plan de salvamento, hubiera enviado al anciano Noé la multitud de bestias, reptiles y aves pocos meses antes de las lluvias, sin instrucciones ni plan estratégico.

Posiblemente Noé, al que los muchos años de patriarca le habrían dado buena cintura, pensaría en hacer lo propio: delegar a su vez en los bichos el diseño de una solución. Las teorías en uso del Management predicaban que así conseguiría mejor motivación y alineamiento estratégico, aparte de cubrirse si algo se complicaba.

Rechazo al cambio

En la nueva historia, la primera sorpresa de Noé fue que los animales no colaboraron cuando les pidió nuevas ideas para el diseño de una salvación. Pese a todas las enseñanzas que les mostró de los gurús de la época, avalando el valor del aprendizaje y el trabajo en equipo, la mayoría no quiso participar. Preferían funcionar como siempre, que el hombre pensara y ellos a comer, crecer y reproducirse.

Noé estaba desconcertado. No sabía si es que los animales estaban en una fase de negación, o si la culpa era de que había bestias muy individualistas incapaces de colaborar, como los felinos, y otras muy gregarias, temiendo estos últimos bien destacar, los cambios que pudieran ocasionarse o simplemente acercarse mucho a los primeros. También parecía que algunos sentían que perdían estatus por colaborar de igual a igual con los reptiles. Vamos, que parecía que preferían ahogarse a cambiar sus culturas y colaborar. Se aferraban a la organización y jerarquía tradicional de la pirámide alimenticia.

También Noé estaba un poco enfadado, porque sentía que cada vez que no era obedecido, su autoridad decrecía. Así que rogó a Dios que le permitiera incorporar algún afamado gurú como consultor del proyecto. El consultor le permitiría llevarlo a cabo sin tener que comprometer su posición, y al ser independiente ayudaría a gestionar sin implicarse los conflictos que comenzaban a aflorar. Pero Dios le dio a entender que aunque podría considerarse al gurú de fama como especie aparte y por tanto salvable, eran precisamente tipos como esos a los que no les gustaría ver tras el diluvio.

Innovar para sobrevivir

Así que Noé tuvo que arreglárselas por sí mismo, sin apoyo técnico ni político. Era el momento de concienciar al grupo. Entonces sacó el mapa de isobaras para demostrar a todos que llegaba el diluvio. Después les recordó su condición de empleados temporales. El único que tenía contrato fijo, elegido para salvarse por su virtud y cotizando 600 años era él; pero a Dios, que tanto había invertido en la Tierra, tanto le daba un bicho de determinada especie que otro de la misma. Así que más les valía ser conscientes de ser un grupo, hacer el esfuerzo de ser creativos, y empezar a ver al resto de animales como clientes, y no como una molestia. También les motivó con una visión -“una Tierra llena de bichitos”- y una misión-“Contribuir a la diversidad de la naturaleza, ofreciendo soluciones innovadoras ante los diluvios”-.

Los animales se comprometieron. Pero es también en las situaciones de crisis donde más necesario es el liderazgo, así que solicitaron a Noé que fuese él quien seleccionara los componentes de los “equipos interfuncionales de alto rendimiento” y que pusiera a sus tres hijos coordinando los equipos.

A Noé no le pareció mal, porque de acuerdo a lo que había leído a los gurús del tema, convenía que hubiera inicialmente unos supervisores formales que lideraran equipo, fueran interfaz y facilitadores, crearan confianza y dieran mucho feedback positivo para conseguir esas ideas innovadoras. Lo único que no le encajaba era que como eran hermanos, tenderían a colaborar, mientras que según los gurús, competir era lo bueno, lo que generaba tensión creadora.

Equipos para la innovación

Siguiendo de nuevo el mantra de sus queridos gurús, Noé había pensado en seleccionar los animales más atípicos. Esta era, según aseguraban, la receta de la creatividad innovadora. Así que en uno de los grupos juntó a los animales que le parecieron más radicalmente peculiares, luchadores, fanáticos y excéntricos: el dragón, las sirenas, el unicornio, el fénix... En éste tenía puestas la mayor de sus esperanzas aunque imaginaba que el grupo podía ser conflictivo.

En un segundo grupo quiso ser más prudente: colocó a aquellos animales que siendo distintos, bien podrían entenderse porque de alguna forma eran “interdisciplinares”, pues conocían varios medios. El pato, el ornitorrinco, el mono, la rana, la foca, etc. eran de alguna forma generalistas, se movían al menos en dos medios de tierra, agua o árboles. Seguro que sabían unir fácilmente lo mejor de sus mundos para hacer algo práctico.

En el tercer grupo colocó a los animales más especialistas, que se las daban de expertos en sus medios o habilidades concretas. Supuso que su cortedad de miras haría difícil que colaboraran, pero quizá pudieran aportar algo. Aquí agrupó a la araña, el canguro, la jirafa, el topo, el guepardo, el castor, la luciérnaga, el erizo, el pájaro carpintero...

Y mientras los demás pensaban, bajo su propia tutela quedaron los animales mansos, de experiencias domésticas similares: cerdos, caballos, ovejas... Animales de los que en 600 años jamás había visto que inventaran nada.

Pensando como animales

El primer grupo (el de los radicales) causó problemas. Este equipo de galácticos al principio no se entendía internamente; después acabaron despreciando al resto y compitiendo entre sí. No aceptaban las indicaciones del entrenador. Generaron algunas ideas muy arriesgadas a base de mucho rayo, fuego, magia, metamorfosis y cruces mutuos. Lo cierto es que no supieron aceptar ni críticas ni disciplina, y al final dragones, sirenas, unicornios y otros seres míticos decidieron salvarse por su cuenta, con los resultados que ya conocemos.

La decepción volvió a caer sobre Noé cuando vio los resultados del segundo grupo (los "interdisciplinares"). El compartir disciplinas les facilitaba entenderse entre ellos, así que generaron muchísimas ideas, pero en cuanto se llamaba a algún animal especialista del tercer grupo a examinarlas (gracias a que había colaboración entre grupos), las mandaban a paseo por inconsistentes. Así, construir nidos flotantes a base de nenúfares, o plantar unos árboles encima de otros para alcanzar gran altura y vivir en ellos fueron rápidamente consideradas ideas impracticables por los animales que conocían bien el mar y los árboles. La probabilidad de conseguir sinergias prácticas entre estos generalistas de conocimientos superficiales parecía remota, porque al no conocer bien sus disciplinas caían en errores de bulto. La ignorancia es atrevida, pero saber sólo un poquito lo es todavía más. Sin embargo fue un grupo muy animado y con muy buen ambiente, y sabía vender muy bien sus ideas.

Al tercer grupo (el de los especialistas) le costó mucho arrancar. Fue menos pródigo en ideas, y las que surgieron eran arriesgadas, al límite de lo que se conocía de la naturaleza. Hubieran sido necesarios prototipos para garantizar su validez. Noé estaba seguro de que con el tiempo podrían diseñar algo formidable, quizá ya lo habían hecho, pero eran propuestas costosas y difíciles de llevar a la práctica. Había poco tiempo y demasiado en juego para ponerlas en práctica. Por ejemplo, la idea de “la topera-presa gigante estanca iluminada con luciérnagas” no parecía imposible, pero tenía graves problemas de plazos, pruebas y operaciones.

Noé pensó que si volvía a verse en otra de éstas, y tenía tiempo, juntaría sólo animales especialistas en materias distintas, priorizando las que se conocieran mejor. Pero ahora estaba desesperado. ¿A quién podría recurrir? ¿Qué podrían hacer? Sin darse cuenta, había formulado esas preguntas en voz alta, por eso se atrevió a hablar uno de los burros. “Aquí los compañeros habíamos pensado en hacer una cuadra como en la que estamos pero en la que quepamos todos, y taparla bien para que no entre el agua”, dijo el asno.

Sin que Noé lo supiera, los animales mansos habían estado reflexionando, porque habían interpretado que quedar a su cargo directo era una muestra de reconocimiento, y no de que se les hubiera descartado. Y aunque la idea era sosa, también era pragmática y viable con seguridad. Implicaba trabajo duro, pero riesgo moderado, porque se sustentaba en ideas y artefactos que funcionaban y eran conocidos. No se lo iban a pasar tan bien como en la discoteca que idearon topos y castores, pero saldrían a flote. Además, si el agua al final no caía, haría menos el ridículo con los vecinos que intentando las otras soluciones, que ya bastante juerga había en el barrio con el zoo.

Noé se percató de que en el proceso de generar innovación mediante equipos había varios equilibrios: entre riesgo y recompensa, entre número de ideas y calidad, entre originalidad y aplicabilidad. Y que era posible modular ese equilibrio en función de los perfiles de los participantes en los grupos de trabajo. Y que era mejor que existiera un grado de colaboración entre los equipos más que pura competencia. Y también de que el ambiente adecuado puede hacer que surjan buenas ideas de quien parecía incapaz de tenerlas.

A continuación Noé hizo dos cosas: la primera atribuir a Dios la idea, para que no hubiera problemas de consenso. Esta falta de reconocimiento es la razón de que los burros hasta hoy hayan persistido en renunciar a mostrarnos su inteligencia.

Y la segunda, aplicar un poco de marketing con lo del "arca", porque no quería pasar a la historia como "Noé, el de la cuadra".

Publicado el 14 febrero 2005 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (10) | TrackBack (0)

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Por sus urinarios los conoceréis

Im1_04_1 En 1917 Marcel Duchamp, invitado por la galería Grand Central de Nueva York a formar parte del jurado de una exposición de artistas independientes, envío bajo seudónimo este urinario de porcelana blanca. Cuando su “Fuente” fue rechazada montó un pollo. Se dice que su gesto se oponía a la sacralización de la obra de arte como algo "único”, pero por otro sacraliza al artista, capaz de descontextualizar a su antojo y decidir qué es arte y qué no.

Hoy, este modesto urinario ha sido seleccionado como la obra de arte más influyente del siglo XX.

Los dadaístas, ante el panorama de la época, consideraban que cualquier cosa podía convertirse en una obra de arte. Yo, ante el panorama de la gestión empresarial, creo que cualquier cosa puede convertirse en una “teoría del Management”.

He aquí una prueba: con la herramienta que aquí les propongo (que no es peor que otras), todos mis lectores varones podrán realizar una validación estratégica y organizacional de una empresa simplemente examinando sus urinarios. Una de las herramientas a no olvidar en la visita al WC:

  • Urinarios divididos por discreta y alta mampara de cerámica: estructura divisional con escaso control de gestión
  • Urinario compartido sin separadores: visibilidad, transparencia, cachondeo
  • Urinarios con descarga automática por sensor: escasa delegación y empowerment, tendencia al outsourcing, importancia del departamento de sistemas.
  • Urinario con descarga constante: empresa con gran liquidez y flujo de caja libre. Derroche: 60 gotas por minuto pierden 500 litros de agua al mes. Un hilo de agua de 4 cm de largo pierde 10.000 litros al mes.
  • Urinario con dispensador bacteriostático: auditorías frecuentes, férreo control de gestión y de los procesos de calidad.
  • Muchos urinarios y pocos váteres: estructura muy horizontal, pocos marrones, jornada contínua.
  • Muchos váteres y pocos urinarios: “carguitis” y “despachitis”, reducida rotación de personal, escasa transparencia y nula política de puertas abiertas, absentismo presencial, jornada partida.
  • Número de urinarios adecuado: buena planificación, gestión de colas muy meritoria.

Publicado el 18 diciembre 2004 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)

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Monkey business

Terrorbanana_2 Si el post de ayer intentaba buscar en las estrategias individuales las causas de por qué a veces las empresas no actúan ante las amenazas, éste trata de por qué a veces las empresas no actúan ante las oportunidades, incluso huyen de ellas. Uno de los motivos es que haya una cultura que penalice al innovador, o que simplemente rechace que haya propuestas nuevas sobre cómo hacer las cosas. Se hace lo que hay que hacer, no lo que funciona.

La siguiente historia se ha empleado para explicar cómo se puede originar y mantener una cultura inhibidora. No por conocida deja de ser interesante recordarla:

Unos investigadores prepararon un experimento: colocaron unos monos en una jaula, en la que colocaron una escalera sobre la que colgaban un montón de plátanos. Cuando algún mono intentaba alcanzar los plátanos subiendo la escalera, un mecanismo en los peldaños hacía que se lanzaran sobre los monos chorros de agua fría.

No pasó mucho tiempo hasta que los monos se percatarán del chaparrón que les podía caer si alguno subía a por plátanos. Al cabo de unos días, la escalera era tabú, como a algún mono se le ocurriera acercarse, los otros lo tiraban al suelo y lo pateaban.

Ya habían pasado unas semanas sin que ningún mono subiera la escalera, pese al tentador montón de plátanos. Entonces, los científicos jubilaron a uno de los monos y metieron a otro de becario. Este miró los plátanos, miró la escalera, miró a los compañeros, pensó que no se enteraban y corrió hacia la escalera. No llegó a alcanzarla, ni la siguiente vez ni la siguiente. A la tercera paliza se resignó.

Cuando jubilaron a otro mono, el reemplazo tuvo también sueños en los que participaba una escalera y unos plátanos, pero también fue apaleado cuando se acercaba. El que más entusiasmo mostró en la paliza era el último mono que había entrado. También se resignó.

Con el tiempo, todos los monos habían sido sustituidos, pero seguía la costumbre de pegar al que se acercara a los plátanos, aunque ninguno de ellos sabía la razón real: ninguno había recibido los chorros de agua fría. De hecho, se habían eliminado desde que se cambió el primer mono. Al pasar los meses sin que ninguno se acercara, ni siquiera se sabía que castigo caería sobre el mono que intentara acercarse a los plátanos, pero seguían sin hacerlo por miedo, consciente o no.

Si fuese posible preguntarles por qué nadie subía la escalera, la respuesta sería: "No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así..."  ¿Suena familiar?

A mí se me ocurren dos conclusiones, según el que lo lea sea dirigente o dirigido.

En el primer caso, se pretende recuperar la iniciativa en la organización que la permita aprovechar las nuevas oportunidades. Hay organizaciones que huyen de los cambios, las bananas que les pueden hacer crecer. Así que conviene averiguar qué "miedo a palizas" puede estar evitando que se hagan cosas que funcionarán, y que formas de pensar y actuar se dan como asumidas en la organización aunque ya no tienen razón de ser. También, y con vistas al futuro, indagar qué “chorros de agua fría” se activan, y cuando no son ya necesarios, advertirlo, o cambiarlos por un refuerzo positivo.

Munkey_1 Y si eres dirigido, y aún más si eres “nuevo en la jaula”, la tentación fácil es recomendar salir del pensamiento convencional para triunfar donde el resto teme: ir a por los plátanos.

Sin embargo, salvo si tienes la piel muy dura, o buenos aliados, quizá sea más prudente recomendar averiguar las “reglas del juego”. Identificar a quién las sabe y preguntarle o imitarle. Ser consciente de dónde chirría el pensamiento convencional, pero buscar bien la oportunidad. Si no lo haces, aunque en un descuido consiguieras subir la escalera y alcanzar los plátanos, dudo que seas tú el que se los coma... Quizá sea al revés.

Por otro lado, el título "Monkey Business" hace referencia a una comedia de Cary Grant, Ginger Rogers y Marilyn Monroe. Grant es un químico que inventa una fórmula para no envejecer, pero un chimpancé juguetea con ella y después la vierte en el depósito de agua. Todo el que lo bebe empieza a tener un comportamiento inmaduro y a hacer locuras infantiles. No estaría mal pedir al mono que ponga la fórmula unos días en el depósito de agua de muchas empresas, sobre todo en algunas plantas. 

Publicado el 30 noviembre 2004 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)

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Aceleración

“Dos hombres caminan por el monte. De repente ven como a cierta distancia se les acerca un gran oso enfurecido, con muy malas intenciones. Uno de los hombres abre la mochila, sacó de ella unas zapatillas deportivas, y mientras éste se las pone, su compañero le dice:

- Aunque te pongas las zapatillas, el oso es mucho más rápido, y no vas a conseguir correr más que él. Te alcanzará.

- No, si yo no pretendo ir más rápido que el oso, me basta con ir más rápido que tú.”

Esta es una anécdota típica en las escuelas de negocios, que viene bien para ilustrar el tema de las prisas en adoptar mejoras competitivas o modas de gestión (según se mire). Y la mejora que más encaja con la metáfora es precisamente esa: la de las prisas, la de la velocidad.

La velocidad en las operaciones, la mejora de procesos... en todo eso han trabajado mucho las empresas durante estos años. Ha traído ahorros en eficiencia y alcanzado producciones tipo “just in time”. Los lotes se han reducido. Los pioneros, como Toyota o Dell, sacaron ventaja de eso. El resto de rezagados vieron que la “ventaja competitiva” se convertía en “mínimo competitivo”, característica sin la cual no se podía competir. Todos a correr.

Y los consumidores empezamos a dar por hecho que las cosas llegaban al poco de pedirse, incluso personalizadas. Hasta los coches. Queremos que nos sirvan rápido en los restaurantes. Apuramos los semáforos. Impaciencia. Ese “paradigma de consumo inmediato” alcanza su mejor expresión en la banda ancha. Del dedo al ojo, en un pis pas.

Claro que al mejorar las máquinas y sacar productos más rápido, éstos empezaron a amontonarse. Se pasó de una economía de oferta a una economía de demanda, pues cuando sobran productos, el cliente manda y más vale diferenciarse.

El oso se acerca de nuevo. Así que una vez optimizadas las máquinas, se está trabajando en hacer más rápidos los procesos de desarrollo de productos y en coordinarse mejor con los proveedores (a los que empieza a llamar socios, porque también corren riesgos). El tema es tal, que ya no se compran las empresas por sus activos o sus clientes, sino por el tiempo que se tardaría en desarrollar su know how (el maestro en esta estrategia: Cisco). Se trata de ser distinto más rápido.

Es decir, hasta ahora la rapidez la veíamos en la entrega, ahora la estamos viendo en la innovación. Y de nuevo, los consumidores empezamos a “asumir el nuevo paradigma”, pedir novedades y opciones con más rapidez, y cansarnos antes de las cosas. ¿Cuál es la proporción de “caprichos” en cualquier escaparate? ¿No aumenta año a año? ¿Y en un producto útil, cuál es la proporción de fantasía o capricho y cuánto influye en nuestra decisión de compra? ¿Y no nos cansamos antes de los caprichos? O en general (y este es un “en general” muy amplio) ¿No nos cansamos antes de todo?

¿Nos cansaremos algún día también de elegir entre novedades constantes?

Publicado el 17 noviembre 2004 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (7) | TrackBack (0)

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Palabras de guerra

A estas alturas, no se sabe si el líquido viscoso asociado al próximo presidente de EE.UU. (empieza a ser una tradición) será el petróleo o el ketchup, Ojaio decidirá. Lo que sí sabemos es que no es ketchup lo que corre en Iraq, un recordatorio constante del horror de la guerra.

En su obra “Sobre la guerra”, Clausewitz (1780-1831) se planteó si la guerra era una ciencia o un arte, llegando a la conclusión de que “se puede comparar más ajustadamente al comercio, donde también hay un conflicto de intereses humanos y actividades”.

Dos siglos después, hemos dado la vuelta al argumento, pero no salimos de él. Llevamos mucho tiempo en el que es la guerra la que nos ayuda a hablar de los negocios:

Muchas de las “metáforas” más habituales en el lenguaje de la estrategia de los negocios se basan en emplear el lenguaje de los conflictos bélicos. Y no sólo porque la palabra “estrategia” tenga origen militar (“strategos” era el jefe de un ejército en la antigua Grecia). Lo realmente sintomático es que se hable de “guerra de precios”, “márketing de guerrillas”, de “bajas” cuando hay despidos, de “atacar o asaltar un segmento”, “tácticas”, “defender la cuota”, “tomar posiciones”, “maniobras” ,“lanzamientos”, “desembarco en un mercado”, “ofensivas”, “espionaje o servicios de inteligencia”, “fuerzas”, “líneas”, “retirada de un mercado”, “OPAs hostiles”, “productos enemigos”, y hasta de “daños colaterales”.

Creo detectar cierto regusto en el ejecutivo cuando se elige alguna de estas metáforas, quizá por algún eco atávico de sus ascendientes guerreros, o simplemente porque imaginan en su día a día un hermanamiento con la nobleza de las extintas órdenes de caballería.

El lenguaje tiene un efecto poderoso en como vemos el mundo y como reaccionamos ante él. De hecho, siempre me sorprende que la palabra “agresivo” (por ejemplo, en “estrategias agresivas”) tenga aún un sentido positivo en las presentaciones de empresa, donde viene a equivaler a “proactivo” o “decidido”.

Esa visión de los negocios como lucha, como agresión, contamina con paranoia, “suma cero” y sentido cortoplacista las opciones estratégicas de las empresas. Además, está pasada de moda. Las organizaciones creativas, cooperadoras y basadas en el talento e iniciativas internas no tienen buen encaje en la jerga militar.

¿Qué tal renovar las metáforas de los negocios con otros símiles: biológicos, deportivos, etc.? Además, por más que lo intento, no veo como introducir el concepto de “CLIENTE” en una analogía basada en la guerra. ¿Es el terreno que pisas o el enemigo que matas?

Publicado el 03 noviembre 2004 en 1T, metáforas | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)

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