Vamos a imaginar que la fracción del mundo globalizada es una “ciudad” que crece. Sobre todo por el este. Poco a poco se van anexionando nuevos barrios, algunos de forma pacífica, otros no. Cuando un barrio entra, nuestras comunicaciones físicas y virtuales le integran en nuestro mundo de información y mercancías, y presumiblemente de democracia y bienestar. Pero en este proceso a veces algo sale mal y se produce un rechazo. El barrio no reacciona como se esperaba, quizá no era su momento, quizá no eran las formas, quizá se estimula desde fuera de la ciudad, pero lo cierto es que hay malos barrios.
Tenemos por ejemplo el barrio de Afganistán, donde hay mucha droga, y el de Irak, que se está convirtiendo en una barriada dominada por las pandillas. También hay problemas en las barriadas del sur, pero eso se suele olvidar.
El caso de Irak es el que más preocupa ahora. La verdad es que el “alcalde” que tenía antes Irak se lo merecía, pero en el proceso de destituírle se despidió a todos los empleados públicos, incluídos policías y soldados, y ese desempleo, entre otros, es uno de los factores que ha creado mucho descontento entre la gente del barrio. En la metrópoli globalizada deberíamos saber que en el resto del mundo, el empleo público no es tanto funcional como un recurso para la estabilidad.
Lo peor es que todos saben que debajo de ese barrio hay grandes tesoros, por lo que sufre la suerte de los "pobres países ricos". Así, hay quien se ha hecho su business/war case y está enviando dinero y guerrilleros al barrio para sacar rentabilidad. Se acercan chicos malos de otros pueblos de fuera de la ciudad, que están organizando las pandillas terroristas. El negocio de la violencia también se globaliza, era de esperar.
Las pandillas no son muy grandes, y parecen contar con apoyo extranjero. Aún no tenemos claro cómo combatir las estrategias guerrilleras de estas pandillas, que con poco dinero y poca gente hacen mucho daño, tanto real como psicológico. Y como todas las pandillas cuentan con una fuerte motivación y disciplina, que no se entiende desde fuera.
El barrio está en una situación de crisis permanente, y la verdad es que la gente de fuera no se acerca aunque se ha enviado a mucha policía de alguno de nuestros barrios más pudientes. Nuestros medios no hablan de otra cosa que de este barrio desde hace meses: ataques con bombas, asesinatos, secuestros… Como buenos pandilleros, mucha de su violencia está también orientada al robo y el rescate (80% de sus acciones según se estima), aunque a esto no se le da tanta noticia.
Atacan de forma difusa, sin grandes preparativos, se copian unos a otros, se protegen (de momento) unos a otros, y como sus objetivos son amplios, y vale casi todo, hay gran margen para la creatividad en el terror. En la metrópoli globalizada deberíamos empezar a estudiar como combatir este nuevo juego, en lugar de embestir.
Nuestra ciudad no tiene ya el papel que esperaba de organizar el barrio desde cero, una vez eliminadas las estructuras anteriores. En cambio, tenemos un enemigo más difuso, dentro de nuestra propia ciudad globalizada, que empieza a plantear para Irak una alternativa a lo que había antes en el barrio y a lo que ofrecemos nosotros. Un enemigo que empieza a mirar dentro de nuestra ciudad.
Las pandillas/grupos terroristas que están tomando el barrio Irak tienen procedencia e intereses diversos. Sin embargo, están unidas en la lucha con la "policía" y con los intentos de recomponer el barrio. Hoy por hoy cuentan con un significativo respeto social positivo (admiración) por una parte de la población.
Sin embargo, más adelante, si la policía extranjera se retirara, bien pudieran enfrentarse en el típico “guerreo” entre ellas, y adquirir el típico “respeto social negativo” (miedo) de las pandillas. Si tienen que luchar entre ellos, al modo de los pandilleros de barrio, lo harán. Esto no las hará desaparecer. Pueden crear una "guerra civil" de baja intensidad. La división en etnias y confesiones del barrio lo hará fácil. Esta estrategia ha funcionado en otros barrios, como el Líbano, y es coherente con la de sus instigadores y subvencionadores.
El objetivo real de las pandillas es que todo siga así o peor. Las pandillas no quieren ofrecer al pueblo una solución alternativa, sino poder mantener su propio poder y modo de vida. La estrategia es aíslar y degradar el barrio mediante el terror. Cortar los lazos con la ciudad física y virtual. Que no entre ni salga nadie ni nada, y mantener vivo un ecosistema de terror. La estrategia de la "tierra quemada", mejor, de la "tierra ardiendo" contra la globalización. La misma estrategia que aplicada contra otro enemigo, está arrebatando su futuro al pueblo palestino.
Hay ciudades hermosas en las que se puede pasear por todos los barrios, ricos y pobres. Ese es un privilegio de muchas viejas ciudades europeas. Hay ciudades en las que un extranjero puede pasear por casi todos los barrios, menos por algunos. Hay otras ciudades donde no se puede pasear casi por ningún sitio. Donde las urbanizaciones son bunkers y las familias van a pasear a los centros comerciales. Donde la violencia y la contraviolencia son parte importante del poder y de la economía, del “sistema operativo” de la ciudad.
Creo que en estos años nos estamos jugando el futuro modelo de nuestra “ciudad globalizada" durante este siglo. Toda ella, no sólo algunos "barrios malos". Si habrá países/barrios que sean guettos de violencia que no podamos visitar. O si la inseguridad saldrá de ellos, se extenderá y asentará una violencia invisible que haga que sólo podamos pasear tranquilos en nuestras fortalezas.