Lo ideal sería llevar a todos los niños a cierta edad un día al espacio, para que revivieran la experiencia de Neil Armstrong:
"It suddenly struck me that that tiny pea, pretty and blue, was the Earth. I put up my thumb and shut one eye, and my thumb blotted out the planet Earth. I didn't feel like a giant. I felt very, very small."
Va a ser que no, así que una alternativa que sugiero para despertar la conciencia sobre la fragilidad de la Tierra es un acuario. Un acuario cuesta poco y es fácil de mantener. Es hermoso, relajante y sobre todo, es una muestra del delicado equilibrio biológico de los ecosistemas. Si el acuario no tiene una aireación artificial, será necesario que haya plantas que liberen oxígeno para que sea respirado por los peces. El número de peces no puede exceder por tanto un cierto límite en este pequeño mundo. Si se añadiera un pez más de los sostenibles, empezarían a morir pequeños organismos invisibles. Aparentemente todo seguiría bien, con la vida del acuario “as usual”, pero se avecina una catástrofe. Las bacterias aumentan, el agua se enturbia, se pudre la vegetación, mueren los peces... Por el contrario, respetando los límites y con cuidados y conocimiento, puede hacerse madurar y crecer durante mucho tiempo.
Por eso me parece buena idea que los niños sean responsables de un acuario, y que entiendan lo que es un sistema y cómo respetarlo desde pequeños.
Otro factor de éxito en el acuario, si es que se pretende reunir bastantes peces, es que éstos sean de especies acostumbradas a vivir en espacios reducidos, con muchos compañeros. Es el caso de muchos vistosos peces tropicales, que son especies procedentes de abarrotadas y caldeadas charcas.
La tierra es cada vez más un como un acuario, y los humanos a la vez peces y cuidadores. Como en el acuario, los problemas no son obvios hasta que no son casi irreversibles. Y como en el acuario, la actitud de los habitantes debe encajar con las condiciones del hábitat. Tendremos que acostumbrarnos a vivir en ciudades, porque aunque no es muy “natural”, sí es ecológico: amontonados molestamos menos. Es más ecológico un enorme bloque de pisos que su equivalente en casitas más jardín. Aparte de que el ciclo ecológico y económico del césped de los suburbanitas cause sorpresa hasta a Dios.
Este tipo de analogías no son nuevas. El polifacético (nunca mejor dicho) Buckminster Fuller proponía otra analogía: la Tierra es una nave espacial que todos pilotamos (“spaceship earth”). Como en las películas de ciencia ficción que han sustituido a las de vaqueros, el héroe y el que gana es el que mejor controla los delicados sistemas que mantienen la nave en marcha y soportando la vida de su interior. Y en ese camino, los ordenadores tienen mucho que aportar, tanto como ayuda para esa “salvación por la ciencia y la buena voluntad”, como simplemente porque nada como el mundo digital permite hacer más con menos, y porque nada de lo que nos hace felices es menos intrusivo con el entorno que comunicarnos en él.

