“Dos hombres caminan por el monte. De repente ven como a cierta distancia se les acerca un gran oso enfurecido, con muy malas intenciones. Uno de los hombres abre la mochila, sacó de ella unas zapatillas deportivas, y mientras éste se las pone, su compañero le dice:
- Aunque te pongas las zapatillas, el oso es mucho más rápido, y no vas a conseguir correr más que él. Te alcanzará.
- No, si yo no pretendo ir más rápido que el oso, me basta con ir más rápido que tú.”
Esta es una anécdota típica en las escuelas de negocios, que viene bien para ilustrar el tema de las prisas en adoptar mejoras competitivas o modas de gestión (según se mire). Y la mejora que más encaja con la metáfora es precisamente esa: la de las prisas, la de la velocidad.
La velocidad en las operaciones, la mejora de procesos... en todo eso han trabajado mucho las empresas durante estos años. Ha traído ahorros en eficiencia y alcanzado producciones tipo “just in time”. Los lotes se han reducido. Los pioneros, como Toyota o Dell, sacaron ventaja de eso. El resto de rezagados vieron que la “ventaja competitiva” se convertía en “mínimo competitivo”, característica sin la cual no se podía competir. Todos a correr.
Y los consumidores empezamos a dar por hecho que las cosas llegaban al poco de pedirse, incluso personalizadas. Hasta los coches. Queremos que nos sirvan rápido en los restaurantes. Apuramos los semáforos. Impaciencia. Ese “paradigma de consumo inmediato” alcanza su mejor expresión en la banda ancha. Del dedo al ojo, en un pis pas.
Claro que al mejorar las máquinas y sacar productos más rápido, éstos empezaron a amontonarse. Se pasó de una economía de oferta a una economía de demanda, pues cuando sobran productos, el cliente manda y más vale diferenciarse.
El oso se acerca de nuevo. Así que una vez optimizadas las máquinas, se está trabajando en hacer más rápidos los procesos de desarrollo de productos y en coordinarse mejor con los proveedores (a los que empieza a llamar socios, porque también corren riesgos). El tema es tal, que ya no se compran las empresas por sus activos o sus clientes, sino por el tiempo que se tardaría en desarrollar su know how (el maestro en esta estrategia: Cisco). Se trata de ser distinto más rápido.
Es decir, hasta ahora la rapidez la veíamos en la entrega, ahora la estamos viendo en la innovación. Y de nuevo, los consumidores empezamos a “asumir el nuevo paradigma”, pedir novedades y opciones con más rapidez, y cansarnos antes de las cosas. ¿Cuál es la proporción de “caprichos” en cualquier escaparate? ¿No aumenta año a año? ¿Y en un producto útil, cuál es la proporción de fantasía o capricho y cuánto influye en nuestra decisión de compra? ¿Y no nos cansamos antes de los caprichos? O en general (y este es un “en general” muy amplio) ¿No nos cansamos antes de todo?
¿Nos cansaremos algún día también de elegir entre novedades constantes?

Martinez, leyendo tus últimos posts me da la impresión de estar leyendo algunas reflexiones sobre el "dilema del innovador" de Clayton Christensen. ¿Has leido el libro?. Y si es así, ¿qué te pareció?.
Publicado por: Dani | 17 noviembre 2004 en 08:42
No lo he leído, Dani. ¿Merece la pena?
Publicado por: Martínez | 17 noviembre 2004 en 09:01
Yo creo que sí, en su día me pareció una gran lectura. Christensen define lo que denomina tecnologías rompedoras y establece su tesis: que las empresas bien establecidas pueden sufrir si ignoran las tecnologías que no están dirigidas a las necesidades actuales de los clientes lo cual es contrario al viejo mantra de "listen to your customers".
La cuestión es identificar esas teconologías rompedoras mientras sean ventajas competitivas y antes de que alcancen una masa crítica y se conviertan en mínimos competitivos, el dilema es pues buscar el equilibrio entre la innovación cara a nuevos mercados (en detrimento de la actual linea de producto) o el desarrollo de las necesidades actuales de los clientes (en detrimento de la innovación).
El caso de estudio central del libro es el de la industria de las unidades de disco de ordenador durante los años 80. A mi me pareció fascinante.
Publicado por: Dani | 17 noviembre 2004 en 10:27
He buscado los libros de Christensen en Amazon, y me llama la atención su nuevo libro: "The Innovator's Solution: Creating and Sustaining Successful Growth"
http://www.amazon.com/exec/obidos/tg/detail/-/1578518520/qid=1100686338/sr=8-2/ref=pd_csp_2/102-3004776-4704157?v=glance&s=books&n=507846
Si pasas el ratón por la imagen del libro descubres el servicio "Amazon citations". ¡Parece que el "paradigma blog" se está extendiendo!
Publicado por: Martínez | 17 noviembre 2004 en 11:29
El nuevo libro de Christensen está disponible en edición castellana (McGraw Hill) desde hace poco. Lo vi al lado del 'Markting lateral' de Kotler y Trias de Bes el mes pasado, aunque finalmente opté por el segundo... a ver si puedo leerlo pronto.
Publicado por: Agustín | 17 noviembre 2004 en 12:55
A veces no sé si en los artículos se habla de empresas o de relaciones personales. No puedo evitar ciertos paralelismos y a veces es espeluznante.
Publicado por: Guille | 17 noviembre 2004 en 21:43
Exacto, Guille. De hecho, quería dar que pensar sobre cómo la forma de producir/consumir (que depende de cómo se organizan las empresas y mercados, que a su vez sufren revolcones con la innovación tecnológica)ha condicionando siempre nuestra forma de "organizarnos" en la vida normal y nuestra forma de sentir todo. Cuando digo: "O en general (y este es un “en general” muy amplio) ¿No nos cansamos antes de todo?" abro el campo no sólo a productos sino como bien apuntas al incremento de fugacidad y superficialidad en las relaciones personales (qué a mí también me asusta), las relaciones laborales, las ideologías y creencias, las aficiones, las formas... y hasta las palabras.
Publicado por: Martínez | 18 noviembre 2004 en 21:18