Si el post de ayer intentaba buscar en las estrategias individuales las causas de por qué a veces las empresas no actúan ante las amenazas, éste trata de por qué a veces las empresas no actúan ante las oportunidades, incluso huyen de ellas. Uno de los motivos es que haya una cultura que penalice al innovador, o que simplemente rechace que haya propuestas nuevas sobre cómo hacer las cosas. Se hace lo que hay que hacer, no lo que funciona.
La siguiente historia se ha empleado para explicar cómo se puede originar y mantener una cultura inhibidora. No por conocida deja de ser interesante recordarla:
Unos investigadores prepararon un experimento: colocaron unos monos en una jaula, en la que colocaron una escalera sobre la que colgaban un montón de plátanos. Cuando algún mono intentaba alcanzar los plátanos subiendo la escalera, un mecanismo en los peldaños hacía que se lanzaran sobre los monos chorros de agua fría.
No pasó mucho tiempo hasta que los monos se percatarán del chaparrón que les podía caer si alguno subía a por plátanos. Al cabo de unos días, la escalera era tabú, como a algún mono se le ocurriera acercarse, los otros lo tiraban al suelo y lo pateaban.
Ya habían pasado unas semanas sin que ningún mono subiera la escalera, pese al tentador montón de plátanos. Entonces, los científicos jubilaron a uno de los monos y metieron a otro de becario. Este miró los plátanos, miró la escalera, miró a los compañeros, pensó que no se enteraban y corrió hacia la escalera. No llegó a alcanzarla, ni la siguiente vez ni la siguiente. A la tercera paliza se resignó.
Cuando jubilaron a otro mono, el reemplazo tuvo también sueños en los que participaba una escalera y unos plátanos, pero también fue apaleado cuando se acercaba. El que más entusiasmo mostró en la paliza era el último mono que había entrado. También se resignó.
Con el tiempo, todos los monos habían sido sustituidos, pero seguía la costumbre de pegar al que se acercara a los plátanos, aunque ninguno de ellos sabía la razón real: ninguno había recibido los chorros de agua fría. De hecho, se habían eliminado desde que se cambió el primer mono. Al pasar los meses sin que ninguno se acercara, ni siquiera se sabía que castigo caería sobre el mono que intentara acercarse a los plátanos, pero seguían sin hacerlo por miedo, consciente o no.
Si fuese posible preguntarles por qué nadie subía la escalera, la respuesta sería: "No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así..." ¿Suena familiar?
A mí se me ocurren dos conclusiones, según el que lo lea sea dirigente o dirigido.
En el primer caso, se pretende recuperar la iniciativa en la organización que la permita aprovechar las nuevas oportunidades. Hay organizaciones que huyen de los cambios, las bananas que les pueden hacer crecer. Así que conviene averiguar qué "miedo a palizas" puede estar evitando que se hagan cosas que funcionarán, y que formas de pensar y actuar se dan como asumidas en la organización aunque ya no tienen razón de ser. También, y con vistas al futuro, indagar qué “chorros de agua fría” se activan, y cuando no son ya necesarios, advertirlo, o cambiarlos por un refuerzo positivo.
Y si eres dirigido, y aún más si eres “nuevo en la jaula”, la tentación fácil es recomendar salir del pensamiento convencional para triunfar donde el resto teme: ir a por los plátanos.
Sin embargo, salvo si tienes la piel muy dura, o buenos aliados, quizá sea más prudente recomendar averiguar las “reglas del juego”. Identificar a quién las sabe y preguntarle o imitarle. Ser consciente de dónde chirría el pensamiento convencional, pero buscar bien la oportunidad. Si no lo haces, aunque en un descuido consiguieras subir la escalera y alcanzar los plátanos, dudo que seas tú el que se los coma... Quizá sea al revés.
Por otro lado, el título "Monkey Business" hace referencia a una comedia de Cary Grant, Ginger Rogers y Marilyn Monroe. Grant es un químico que inventa una fórmula para no envejecer, pero un chimpancé juguetea con ella y después la vierte en el depósito de agua. Todo el que lo bebe empieza a tener un comportamiento inmaduro y a hacer locuras infantiles. No estaría mal pedir al mono que ponga la fórmula unos días en el depósito de agua de muchas empresas, sobre todo en algunas plantas.

¡Menudo zoológico estás montando, amigo Martínez! Te propongo que dediques algún post a las aves: desde el pájaro bobo hasta el buitre...
Por cierto, gran película :)
Publicado por: Agustín | 30 noviembre 2004 en 14:15
Muy buena, la historia. Muy buena ;)
Yo propongo el caso del dodó. Ya me estoy imaginando el post: el dodó y la adaptación al cambio
Publicado por: Pablo | 30 noviembre 2004 en 18:58
A mí me contaron la historia en una clase de MBA, y es totalmente aplicable a la vida real. Yo me encuentro un poco en la situación del mono novato :)
Desde que entre en la empresa donde trabajo (hace un mes y unos días), he propuesto ideas que se me han ido ocurriendo para nuevas funcionalidades de servicios o para nuevos productos.
Y pasan dos cosas:
1. Te miran mal las personas que están a tu nivel porque te consideran una amenaza para ellos (mi intención no es quitarle el puesto a nadie).
2. Las personas que están por encima de ti, te responden con un gracias y tu idea va directamente a la papelera, sin ni siquiera hacer una primera valoración o preguntarte más detalles sobre la misma.
Es entonces, cuando te planteas para que voy a estar pensando nuevas ideas de negocio si o no van a llegar a ningún lado o me van a generar problemas.
Por lo tanto, he decidido esperar y averiguar las reglas del juego. Más que nada saber que persona es a la que tienes que trasladar esas ideas, para que por lo menos hagan una primera valoración.
Publicado por: PABLO LANCRY | 01 diciembre 2004 en 12:56
En otro tiempo un dictador democrático, digo dictador porque intentó alcanzar el poder a través de un golpe de estado (putch) y digo democrático porque llegó al poder a trevés de unas elecciones generales muy entretenidas (Hoch lebe das Kettes!*), le dijo a Ferdinand Porche que construyera un coche para el pueblo (volk wagen), de modo que cualquiera que ahorrara cinco marcos a la semana pudiera comprárselo sin pasar muchos apuros.
En este tiempo y como por aquí no tenemos ningún Ferdinand Porche ni ningún otro ingeniero medianamente brillante que no haya emigrado ya al extranjero, hemos visto a don Jose Luis Talante pedir a Miguel Sebastián (éste es de los que se presenta voluntario para un bombardeo, pero para estar debajo, que los de Madrid podemos dar fe) que le construya un coche sostenible -no que se sostenga sobre las ruedas sino que no heche humo- con el que pudiéramos salir de la crisis aunque no pudiéra comprárselo nadie ni aunque ahorrara 50€ a la semana.
Total que como no creo que los de la plebe puedan ahorrar ni 5€/semana, no se esperan muchos pedidos.
El que el coche no, eche o heche da igual, humo, creo que es una exigencia del Ministerio de Hacienda o de su señora, no de la suya que creo que se llama Sonsoles, sino la del Ministerio de Hacienda que creo que se llama Salgado, que debe de ser muy tabacófoba y no querrá dar argumentos a los que fuman o fumamos
tabacco.
Sin embargo los del Ministerio de Medio Ambiente no han dicho nada del material altamente contaminante del que estarán hechas las baterías que muevan el ingenio, aunque sea despacito, ni de la contaminación que hay que producir para recargar las baterías, las horas que estén cargando claro. Total que si antes éramos un país de camareros ahora lo vamos a ser de basureros por el número de puntos limpios que se espera construir para recoger las jodías baterías.
(*) ¡Vivan las caenas!
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Publicado por: Peritta | 12 abril 2010 en 10:55